El aceite da vida a La Cañada de Verich
Por admin. Fecha de publicación: 3 Abril, 2011Un pequeño municipio turolense, La Cañada de Verich, ha apostado por convertir su molino de aceite del S.XVII en el primer museo de este tipo en el Bajo Aragón. El centro de interpretación, localizado en una zona tradicionalmente aceitera, tiene el objetivo de atraer el turismo al municipio localizado en la sierra de la Ginebrosa.
Una selección cuidadosa. Ése es el primer paso a seguir para conseguir aceite de calidad. Un paso que de nada serviría si la posterior recolección no se hace con el cuidado necesario. Pero no todas las olivas sirven para hacer aceite. Las más grandes son las que se destinan a la alimentación, mientras que las que llegan a los molinos aceiteros son las de menor tamaño. El proceso que sigue a continuación conlleva diferentes fases, que serán las que conviertan la aceituna en un aceite de oliva de calidad. El triturado, el prensado o la filtración son sólo algunos de los pasos que hay que seguir antes de que el aceite llegue hasta nuestras casas.
Pero, sin lugar a dudas, la mejor forma de entender todo el proceso es observarlo de primera mano, y una de las opciones es acercarse hasta una pequeña población turolense cuyo nombre es La Cañada de Verich.
Gracias a la reforma del molino aceitero localizado en el municipio y que data del S.XVII, La Cañada de Verich cuenta con el primer museo y centro de interpretación del aceite del Bajo Aragón, en el que se mezcla la maquinaria típica y original de la época con un audiovisual que utiliza la tecnología más avanzada.
El museo cuenta con una prensa y diversos restos históricos del S.XVII, a partir de los cuales se explica la evolución que ha sufrido la producción del aceite hasta llegar a los años 30, en los que está fechada la prensa hidráulica que fue utilizada hasta que el molino cerró sus puertas en 1982. A pesar del abandono, la prensa sigue funcionando hoy en día a la perfección.
La visita al museo del Molino Aceitero de La Cañada de Verich también permite al visitante pasearse por la historia aceitera del Mediterráneo y conocer más datos sobre los diferentes tipos de oliva y de aceites que de las mismas se desprenden. Además, se pueden ver de cerca tinajas de hace más de 300 años, engranajes y maquinaria del S.XVII a los que se ataba a animales para que piedras de moler se movieran y molieran las aceitunas, y motores de los años 30 que sustituyeron a los animales.
DEL ABANDONO AL ATRACTIVO TURÍSTICO
Pero, ¿cómo se creó el museo? Todo empezó hace tres años, cuando el Ayuntamiento del municipio decidió utilizar el dinero recibido por diferentes organismos para restaurar un edificio que, como consecuencia de tres décadas de abandono después de que la sociedad de vecinos que lo regentaba desapareciera, estaba bastante deteriorado.
Debido a la extensión del edificio, el molino se proyectó no sólo como museo, si no también como centro de servicios para los habitantes de la localidad. La idea era establecer la exposición en la planta baja, mientras que la primera planta la ocuparían el consultorio médico y el centro de mayores de La Cañada de Verich. Una idea que, tres años después, ha tenido los resultados esperados.
Desde 2008 se ha estado trabajando en una restauración con la que se arregló la fachada, el suelo y el tejado, dando al molino una nueva imagen y nuevas funcionalidades, entre ellas un marcado atractivo turístico con el que el pueblo pretende convertirse en un nuevo punto de visita obligada dentro del mapa turístico del Bajo Aragón.
A pesar de que el consultorio empezó a funcionar en 2010, el museo no ha abierto sus puertas hasta finales de marzo de 2011, inaugurado por el alcalde de La Cañada del Verich, José Manuel Insa, y por el viceconsejero de Turismo del Gobierno de Aragón, Javier Callizo.
El museo del Molino Aceitero no tiene horario de visitas, porque, como señala el alcalde, “aún no hay medios ni visitantes suficientes”, por lo que para que las puertas del mismo estén abiertas hay que concertar la cita por teléfono con anterioridad llamando al número 978 723 072.
El precio de la entrada es de dos euros para grupos de menos de diez personas, y de euro y medio para las visitas en las que haya más de una decena de turistas.
UN PROCESO TRADICIONAL EN VÍAS DE EXTINCIÓN
Después de la recolección y la selección de las olivas, y una vez en el molino, se volcaban las olivas en piedras de moler que comenzaban a girar gracias a la fuerza de un motor o de animales, que con el movimiento producido aplastaban las aceitunas para conseguir una pasta.
Una vez hecha la pasta, ésta se vertía de forma uniforme sobre unos capachos circulares que retenían el aceite. Estos capachos, que pueden verse en el museo, se colocaban en la prensa, y como consecuencia de la presión que ésta ejercía, la pasta se convertía en aceite que poco a poco llenaba los depósitos en los que se producía el filtrado y el decantado.
La siguiente fase contemplaba el embasado y, de esta forma, el aceite de oliva ya estaba listo para ser comercializado y consumido. Un proceso tradicional que ahora se centraliza en fábricas en las que ya no existe la maquinaria del molino de La Cañada de Verich, pero se sigue un proceso muy similar.
UN PEQUEÑO MUNICIPIO QUE TIENE MUCHO QUE OFRECER
Localizado en el monte de Las Fajas, en la sierra de la Ginebrosa, La Cañada de Verich nos lleva a un viaje por el tiempo que se remonta hasta la Edad Media, cuando el municipio estaba ligado por completo a la Orden de Calatrava y su vida giraba en torno a las minas de arena refractaria que, al contrario de la Orden, sí que siguen en activo.
La historia ha dejado su huella en la pequeña población turolense, de sólo 110 habitantes, en la que merece la pena visitar su elegante iglesia parroquial, la ermita barroca a las afueras del pueblo y la casa-palacio que pertenecía en tiempos pasados a los de Calatrava. Además, hace pocos años, se restauró la antigua nevera del pueblo en la que se conservaba la nieve en otras épocas y que ahora forma parte de la ruta comarcal “Las bóvedas del frío”.
La comarca del Bajo Aragón, vía de comunicación entre Aragón y el Mediterráneo, la conforman 23 municipios que tienen mucho que ofrecer en lo que a turismo rural, de interior y gastronómico se refiere. Paisajes en los que se alterna la montaña con los llanos y en los que la tranquilidad del campo se mezcla con la emoción de las tradiciones paganas, son sólo algunas de las imágenes agradables a la vista que guarda la Comarca turolense.
Pero el Bajo Aragón tiene también un fuerte atractivo para los amantes del motor, ya que cuenta con la Ciudad del Motor de Aragón, Motorland, en su territorio. Prueba de ese atractivo tuvo lugar con la celebración del Moto GP en 2010 que generó un impacto económico de 38 millones de euros.
La mejor manera de conocer mejor esta tradición así como el resto de la comarca es pasando un fin de semana. La Central de Reservas de Visitaragon es la herramienta más cómoda para conseguir un alijamiento con encanto.
Etiquetas: Bajo Aragón, Cañada de Virch, molino tradicional de aceite, museo del aceite, turismo rural con encanto

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